domingo, 24 de febrero de 2008

Asentamientos humanos y aprovechamiento de los recursos

José Togo

En el marco del curso “Viajando por Santiago”, hoy leeremos un texto que constituye un valioso aporte para la comprensión de las primeras formaciones humanas en este territorio. El texto combina con mucha soltura información sobre el saber propiamente arqueológico acumulado –señalando también sus lagunas- con el enfoque ambiental al uso. Esto lo hace particularmente interesante, y es una lectura muy recomendable para una puesta al día acerca de lo que sabemos e ignoramos de ese período aún algo enigmático que consideramos fundacional: unos cinco mil de años antes de la llegada de los españoles.



Desde hace mucho tiempo existe preocupación entre los investigadores, acerca de la importancia entre los diversos procesos adaptativos, y los cambios evolutivos de los seres humanos, y su relación con el medio natural y artificial. A pesar de los avances experimentados sobre esta problemática, quedan todavía muchas áreas no resueltas, especialmente desde la perspectiva cultural, en especial sobre la importancia entre el surgimiento de las diversas culturas, el hombre y su ambiente. Cada cultura particular, cada sociedad, al tener formas diferentes de acceso, adaptación y uso de los recursos naturales a través del tiempo, construyeron a su imagen cultural, su visión del mundo y la de su propio entorno espacial.

En la evolución de los homínidos no se ha desarrollado una especificidad, por lo que le permitió adaptarse a diversos ambientes; la especialización en la flexibilidad ha logrado el constante cambio, pero al mismo tiempo la falta de esta especialización dio origen a al nacimiento de la cultura. Los seres humanos integramos una sola especie biológica, pero conformamos múltiples ramas culturales. El antropólogo español Carmelo Lisón Tolosana (1987), ha señalado que

“La Antropología Cultural investiga al hombre, a la humanidad, pero por medio y a través de la sorprendente variación y espléndida diferenciación de pueblos, etnias, lenguas, modos de integración y representaciones mentales. Cada pueblo atesora formas concretas y únicas de técnicas, de producción y mercado, modos diferentes de entender la familia, el poder y la autoridad; y lo que es más importante, cada cultura es un museo viviente que exhibe en acción segmentos de la imaginación humana en sus creencias y rituales, en sus sistemas religioso-metafísicos y en sus extraordinarias y magníficas creaciones mitopoéticas y artísticas. Cada cultura es, sin duda, un microcosmos de identidad que se objetiva en un orden moral; es, en definitiva, una forma de ser hombre y de ser mujer, una concepción específica del mundo y de la vida.”

Las sociedades humanas y las diversas formas culturales existentes en el mundo, surgieron como consecuencia de largos procesos de interacción adaptativa a determinados ambientes terrestres, dando origen en muchas de ellas, al nacimiento de la agricultura, la ganadería y las primeras aldeas estables, mientras que otras continuaron con su modo de vida recolectora, recolectora-cazadora o pescadora.

En relación al continente americano existen datos concretos que sugieren la presencia relativamente temprana del hombre, como consecuencia del pasaje no planificado desde el viejo continente, a través de la vía más probable de ingreso, el estrecho de Bering. Una vez en América, ocuparon todos los espacios, desde la zona fría de América del Norte, pasando por los bosques templados, la zona tórrida del Ecuador y de vegetación exuberante, hasta el extremo sur del continente, en un período relativamente rápido.

Los primitivos habitantes, al adaptarse a los diversos nichos ecológicos, crearon formas culturales diferenciadas, muchas de ellas interrelacionadas plenamente con su entorno, para el aprovechamiento de los recursos disponibles, pero en forma sustentable. Esto lo observamos a lo largo y ancho de todo el continente Americano. A partir de ella surgieron la domesticación de las plantas que hoy consumen la mayoría de los habitantes del mundo, como el maíz, la papa, el zapallo, el maní, el girasol, el tomate, el tabaco, etc. y de algunos animales. Así como las diversas civilizaciones que encontraron los españoles al pisar tierra americana.

Con respecto a los primitivos habitantes del actual territorio nacional, señalaremos únicamente los modos de vida de algunas de las comunidades prehispánicas. El espacio argentino no ha sido una excepción, por lo tanto, a partir de los primeros habitantes cazadores-recolectores, han ocupado en forma permanente o semipermanente tanto el altiplano puneño, superior a los 3.000 metros de alturas sobre el nivel del mar, donde la vida les era favorable por la presencia de agua y animales de caza, así como los diversos valles intermontanos que descienden desde las cumbres andinas, como el de Humahuaca, Calchaquí, El Cajón, Santa María, etc. Las Sierras Subandina, las Sierras Centrales, los diversos cañadones patagónicos y bordes de las cuencas mayores y menores; la llanura pampásica, la llanura boscosa del chaco, el litoral marítimo, y la selva salteña - misionera.

Las primeras comunidades han denotado una fuerte dependencia con el medio, por cuanto su desarrollo tecnológico era rudimentario, pero eficiente para extraer del medio, las necesidades más elementales como alimentación, vivienda, agua y salud. Si la misma no hubiese sido adecuada, casi con seguridad se habrían extinguidos como grupos. El mayor desarrollo cultural prehispánico estuvo radicado en la zona andina del noroeste argentino, área marginal del nuclear andino Peruano-Boliviana. Mientras que Santiago del Estero sería a su vez marginal del noroeste.

El ambiente natural

Desde el punto de vista fitogeográfico, el territorio argentino pertenece en su totalidad, según Cabrera (1971), a la Región Neotropical, con excepción del occidente patagónico altoandino, sur de Tierra del Fuego, Islas Australes y sector Antártico. Comprende los Dominios Amazónicos, Chaqueños, Andino-Patagónico, Subantártico y Antártico. A su vez, el Dominio Chaqueño abarca las Provincias del Espinal, del Monte, Prepuneña, Pampeana y Chaqueña, desde los 22º a 43º de latitud sud (se excluye la Patagonia), y desde el Río Uruguay a los contrafuertes andinos (excepto Misiones, Norte de Corrientes y Selva Tucumano-Salteña-Yungas). La Provincia Chaqueña, se divide a su vez en los Distritos Oriental, de La Sabana, Serrano y Occidental. Santiago del Estero pertenece a este último.

El espacio argentino considerado como Provincia Chaqueña (Occidental) es un bioma en mosaico, caracterizado por la presencia dominante de una cobertura arbórea, salpicado o acompañado de pastizales y otras hierbas no graminoideas, adaptadas a unidades físicas regionales y locales de clima y suelo, en ambiente subtropical y lluvias estivales, que se transfigura sensiblemente en los distintos puntos cardinales de observación geográfica.

En general la vegetación natural presente, refleja inobjetablemente los pulsos estacionales de la variabilidad hídrica y condiciones locales del relieve, traducidas en la presencia de plantas halófitas, donde las cuencas de subsidencia negativa desarrollan suelos halomórficos, frecuentemente inundados o sometidos a drenajes excesivos de abajo hacia arriba, que depositan en la superficie del suelo las sales ascendentes. En cambio, especies arbóreas xerófitas y arbustivas caducifolias ocupan los suelos más evolucionados, en los relieves positivos y mejor drenados.

En este sentido, Santiago del Estero inserto en tal subunidad biomática, es provincia de transición no sólo climática, de relieve y suelo, sino también por su cobertura vegetal, que se manifiesta en la presencia de paisajes diferenciales en sus extremos exteriores: nordeste, bosque húmedo; sudoeste, monte xerófilo; noroeste, selva subtropical y sureste, estepa-pradera de gramíneas, que degradan o agradan según el sentido considerado. En el este y oeste marginal del territorio, aparecen palmares como respuesta al carácter subhúmedo regional, y de Norte a Sur, el Parque es sustituido por la Sabana-arbustiva y la Estepa-pradera, respectivamente. El árbol como prototipo del “Chaco”, pierde cobertura.

En general, el bosque santiagueño se encuentra asociado de modo diverso según la latitud considerada, evidenciándose en cada unidad y ambiente, los caracteres locales del relieve, suelo y humedad, ya que la misma como espacio de llanura no ofrece uniformidad topográfica, y en cambio sí alteraciones ondulantes. Al mismo tiempo debemos señalar, que el promedio de las lluvias es de aproximadamente de 600 mm. anuales, pero no todo su espacio recibe idéntica precipitación, lo que origina un cambio en la presencia local de los suelos, que son el soporte natural de las plantas, adaptadas ecológicamente a tales determinaciones ambientales.

La sequedad provincial se manifiesta en especies espinosas como los Prosopis y las Cactáceas, que tipifican la realidad climática santiagueña, decididas por alteraciones naturales y artificiales de intervención humana. Las cuencas hídricas diagonales de los ríos Dulce y Salado, definen espacios ocupados por especies arbóreas selectivas e invasoras como el vinal y otras plantas halófitas, acompañadas por pastizales y chilcas en los albardones. El jume y otras especies definitivamente salinas, ocupan las cuencas con deficiencias hídricas y topografía plana con drenaje impedido.

Asentamientos humanos

Santiago del Estero es provincia mediterránea con características físicas de transición, evidenciada en lo topográfico, hídrico-climático y edafológico-vegetacional, que al mismo tiempo señalan una convergencia de factores naturales, definitorios de un nuevo paisaje. En su propia indefinición expone su excepcionalidad territorial. Sin ser monte, chaco, pampa o selva, es todo a la vez, aunque con modalidades propias. En este sentido, es la única provincia argentina con tal singularidad. Al carácter bipolar de su relieve, se suma la lengua hidrográfica mesopotámica endorreica de gran significación, determinados por los ríos Dulce y Salado, sobre los cursos de los mismos se han desarrollados gran parte de la historia humana provincial, que tiene una antigüedad mayor a los ocho mil años.

Los asentamientos humanos pasaron por varias etapas, a lo largo de las cuales se advierte un proceso acumulativo de desarrollo cultural, así como la incorporación de tecnología foránea, que contribuyeron a la ampliación y artificialización del paisaje, desde un modelo prístino correspondiente a las viejas culturas recolectoras, a otros más avanzados y definitorios, tal como ya los hemos señalados en el informe de 1985. (Togo y Basualdo).

A los primitivos pueblos recolectores-cazadores agrupados en bandas móviles, con sus talleres-campamentos estacionales, les suceden grupos sedentarios en viviendas aisladas o aglutinadas, en aldeas indiferenciadas o en conglomerados mayores. El momento de los recolectores y/o cazadores nómades, implica delimitaciones espaciales de actividades, sin que ello signifique un dominio territorial. A la inversa, cuando las poblaciones adquieren un carácter agrícola-sedentario, pierden espacio, pero logra un dominio sobre determinado espacio. Este dominio, por la característica de la llanura santiagueña, ha tenido mayor presencia en la zona de influencia de los cauces de los ríos Dulce y Salado, por la gran variabilidad hídrica del territorio provincial.

Existen antecedentes confiables desde la arqueología, como la ampliación numérica de la masa indígena previa a la conquista hispánica, que contribuyeron al crecimiento de las aldeas agrícolas indiferenciadas, que ocuparon los espacios ribereños, a lo largo de los ríos señalados, inclusive el Horcones, el Urueña y el Albigasta, situación que facilitó sobremanera la economía colonial encomendada, asentada y ampliada sin fronteras, en toda América, sobre la mano de obra indígena concentrada, en la primera etapa de explotación. Luego con idéntica estructura, le suceden las reducciones como hacienda colonial religiosa-productiva y las mismas estancias, decididas todas ellas desde el Oeste y NO del territorio.

La llegada del ferrocarril, modifica sustancialmente no sólo la dirección de la etapa de penetración al territorio, sino también la modalidad de asentamiento, ya que no requiere de puntos de agua localizada, por el indiferente sistema lineal de puntas de riel y el total abastecimiento del recurso hídrico, en cambio exige la presencia de suelos pardo-forestales con cobertura maderables. De este modo, las viejas poblaciones organizadas en villas o aldeas coloniales, ubicadas en los bajos y zonas de derrame o inundación periódica, perdieron sustentación por la explotación y explosión humana, que esta tecnología ha producido, llevando a las poblaciones a sectores espaciales de la provincia, donde jamás antes estuvo localizada. La estación del ferrocarril se convierte así, en el centro de convergencia y divergencia de esta nueva modalidad de asentamiento, concentrada y localizada cada 20, 25 o 30 km. en el sector de servicios, y en el de producción, campamentos dispersos y transitorios enmascarados por el paisaje.

Algunas colonias de extranjeros llegan a roturar la tierra, acompañando al ferrocarril desde el SE y Este del territorio, definiendo las cuadrículas de sus explotaciones agrícolas, que son atípicas en Santiago del Estero. Cuando tal infraestructura pierde su vigencia en los años 30, estimulado por la construcción de caminos decididos por ley de creación de Vialidad Nacional en 1932, cuyo trazado si bien sigue básicamente el de los ferrocarriles, muchos de ellos son de carácter transversal, estimulando los asentamientos independientes, o asegurando las estructuras pastoriles ya localizadas en forma dispersa. Estos asentamientos son acentuados en los tiempos modernos, por el empuje del empresariado capitalista, que incorpora tinglados y un parque de maquinarias ajenos al paisaje santiagueño, y orientados específicamente a las explotaciones de los suelos con fines agrícola o ganadera (Togo y Basualdo, 1985).

Los primeros habitantes del territorio provincial

De acuerdo a los antecedentes disponibles, los primeros indicios de la ocupación humana dentro del territorio provincial estarían atestiguados con los hallazgos de instrumentos líticos, (precerámico o paleoindio), en zonas restringidas de las estribaciones de las sierras de Sumampa y Ambargasta, por Roque Gómez (1975), quien confecciona una tipología con los materiales allí recogidos. La mayoría de ellos presentarían pocos retoques y ausencia de instrumentos plenamente acabados, por lo que el autor sugiere que estos sitios fueron talleres y no campamentos.

Los materiales recolectados superficialmente por Gómez, son grandes lascas trabajadas a percusión directa sobre roca, que no fueron usadas por ningún otro grupo, por lo menos dentro de la provincia, hasta donde hoy conocemos. Por otro lado, existen sitios donde se encontraron elementos tecnológicos más elaborados y especializados en la caza mayor y menor. Para ese momento, el territorio provincial tendría una fisonomía semejante a la actual, por lo tanto, los últimos representantes de la megafauna del Cuaternario ya habían desaparecido, dejando paso a la fauna actual.

Los restos humanos “fosilizados” provenientes de las barrancas del Río Dulce, en la zona comprendida entre Rincón de Atacama, Las Tinajas, La Fragua, La Cañada, Sotelo y Sotelillo, todos pertenecientes al Departamento Río Hondo, fueron descritos y analizados por distintas personalidades, en la primera mitad del siglo XX. Algunos de estos investigadores lo consideraron como pertenecientes al Pleistoceno e incluso al Terciario, sobre la base de la ubicación de los estratos sedimentarios y la aparente fosilización de estos restos, creando incluso razas locales, como Ameghino.

De acuerdo a los estudios realizados, hoy estamos en condiciones de aportar nuevos elementos sobre estos antiguos habitantes de la zona de Termas de Río Hondo, ya que dichos restos corresponderían casi con seguridad a los portadores de la cerámica “Las Mercedes”, a pesar de su aparente relación estratigráfica con restos faunísticos extinguidos. Sin embargo, no deberíamos descartar la posible asociación con los fabricantes de las puntas lanceoladas o sublanceoladas encontradas en dicha zona.

Los grupos sedentarios

En cuanto a los primeros asentamientos de los grupos sedentarios dentro de la provincia, a partir de los sitios relevados por nosotros (Togo, 2004), o lo señalado por Gómez (1966), es posible sostener que las sociedades portadoras de la cerámica conocida como “Las Mercedes”, -y también “Candelaria”-, hayan tenido una amplia dispersión y un alto grado de concentración humana, ya que los sitios se encuentran muy próximos entre sí, especialmente en la ribera del Dulce desde Termas de Río Hondo hasta el sur de Salavina y la zona serrana de Guasayán. Este comportamiento debería haber sido similar en algunos de los tramos del Salado, así como en el faldeo este del Aconquija, en la actual provincia de Tucumán.

De acuerdo a los restos recuperados, la adaptación al medio aparenta haber sido muy estrecha, lo que les permitió hacer uso de los distintos recursos estacionalmente, a través de la caza, pesca y recolección. Estos recursos habrían contribuido mayoritariamente a la subsistencia de los grupos, pero con cierta complementación con productos provenientes de la agricultura y tal vez de la ganadería de camélidos. Con respecto al ñandú, sostenemos que esta especie ha desempeñado un papel destacado en la vida de esta comunidades y de las sociedades posteriores, tal como lo señalan algunos de los cronistas en relación con ciertos rituales observados por los españoles, de allí la posibilidad de su crianza en cautiverio. La alta frecuencia de restos óseos recuperados, además de los fragmentos de cáscara de huevos, evidenciaría la importancia de esta especie para los indígenas.

El desarrollo de “Las Mercedes” dentro del territorio provincial abarcaría entre el 350/400 y el 1100/1200 DC, de acuerdo a los fechados radiocarbónicos disponibles. La perduración de “Las Mercedes” hasta época relativamente tardía, nos lleva a plantear las causas que habrían dado origen al cambio cultural en la llanura santiagueña, que modificaron profundamente la concepción de los patrones preestablecidos tanto en lo tecnológico como en lo ideológico. Es posible que la misma fuera producto de la combinación de dos factores: la dinámica interna y el contacto con grupos portadores de nuevos elementos.

La existencia de numerosas poblaciones radicadas tanto en la mesopotamia santiagueña, como en la serranía de Guasayán, con posterioridad a la de los fabricantes de la cerámica “Las Mercedes”, supondría la continuidad de estas poblaciones preexistentes, o de lo contrario, se trataría de pueblos que dominaron y aculturaron a lo establecido en la llanura.
Desde la arqueología, a estas comunidades se los identifican como los fabricantes de la cerámica conocida como “Sunchituyoj”, éstas se encontrarían plenamente desarrolladas y estabilizadas hacia el 1350 DC, de acuerdo a los fechados absolutos del sitio “San Félix”, por lo tanto, su comienzo debería ser anterior a esa fecha (Togo, 2004). Si la cronología es correcta, todavía desconocemos las razones que dieron origen a la transformación tecnológica, y al mismo tiempo la introducción de patrones ideológicos ausentes o restringidos hasta ese momento, como la presencia de las asas y las bases planas, las asas cónicas macizas y el uso masivo de tiestos molidos; la iconografía central del búho en los motivos decorativos; las puntas de proyectil fabricadas en hueso; los entierros secundarios de adultos en urnas; el uso de las narigueras; la incorporación de las campanas o alfarería gruesa y las construcciones habitacionales sobre montículos naturales, artificiales o mixtos, tanto en la zona llana como en la serranía de Guasayán.

Con respecto a los grupos humanos que fabricaron los materiales conocidos como “Averías”, de acuerdo a los fechados radiocarbónicos, su desarrollo habría sido muy cercano a la llegada de los conquistadores europeos, por lo tanto no existen dudas del contacto con los españoles. Para ellos contamos con indicadores objetivos, tanto dentro como fuera de la provincia, así como las asociaciones directas con elementos incaicos e hispánicos. Hasta el presente, no existe claridad en cuanto a su verdadero origen, en cambio su relación con “Sunchitúyoj” es evidente, aunque desconocemos desde cuándo y cómo.

Por el momento, no existen datos concretos para señalar a los Tonocotés históricos, como los fabricantes de los elementos conocidos como “Averías”, aunque temporal, espacial y etnográficamente deberían serlo, en base a los informes de los primeros cronistas que pisaron suelo santiagueño.

El contacto hispano-indígena estaría representado dentro de la provincia, por la fase cultural que denominamos oportunamente como “Sequia Vieja” (Bravo y Togo, 1983). La asignación a la fase con este nombre, no fue arbitraria, ya que era la más representativa de todos los sitios conocidos hasta el presente, con material hispano-indígena.

A pesar de los sitios estudiados y de los análisis bibliográficos realizados, todavía desconocemos el comportamiento de las culturas precolombinas y de las parcialidades indígenas radicadas en el ámbito provincial. El vacío de conocimiento es el principal obstáculo para la resolución de los diversos problemas planteados.

Modalidad de asentamiento y uso de los recursos

En primer lugar, trataremos de establecer algunas de las modalidades de asentamientos humanos, previos a la conquista española en el territorio provincial, para lo cual hemos seleccionados a algunos autores que trabajaron sobre la problemática indígena. Los Wagner (1936) inician su exposición con una descripción meticulosa del ambiente geográfico del territorio provincial y ponen especial énfasis en la descripción de los ríos Dulce y Salado que riegan gran parte de llanura santiagueña, cursos de agua a cuyos regímenes describen como muy caprichosos, causantes de una multiplicidad de cambios ambientales. Estas circunstancias, para ellos, constituyen un factor de gran interés para resolver los enigmas que plantea la arqueología santiagueña, fundamentalmente los referidos a lo que ellos llaman “viejas ciudades precolombinas”, como las de Llajta Mauca, Las Represas, Las Marías, etc., cuya ubicación y distribución puede ser explicada en relación con los antiguos cursos de agua del Río Salado que anteriormente regaban esas tierras, hoy resecas. Razonamiento que además les sirve para apuntalar su teoría acerca de la marcada antigüedad de estas manifestaciones, pues según ellos, estos cambios y transformaciones se produjeron únicamente luego de un largo proceso.

En su introducción también señalan como rasgo de fundamental importancia, la característica selvática del ecosistema santiagueño de otros tiempos, sin el cual se volvería imposible explicar el sostenimiento de lo que ellos llaman “populosas naciones”. En este sentido sostienen que un régimen de esta naturaleza habría gozado de una atmósfera húmeda, favorecida por el amparo de la selva que conservaba el vapor de las abundantes lluvias y que favorecía el cultivo del maíz, que ellos creían que los practicaban. Cultivo que hubiera sido imposible de practicar sin esta condición, sobre todo si se tiene en cuenta que los Wagner dan como supuesto que estas poblaciones no utilizaron el recurso del riego artificial, por lo que el agua de lluvia era imprescindible. Esta descripción quedaría incompleta, si no se incluyera en este contexto la riqueza de la fauna y de la flora local, que habría sido un importante complemento en la economía de las naciones citadas por ellos.

De acuerdo a los autores, los antiguos habitantes de la llanura construyeron los montículos, dispuestos irregularmente en el paisaje, conformando avenidas a cuyos pies se encontrarían los depósitos para el agua. Éstos, junto a la alfarería y los elementos de hueso desperdigados a su alrededor serían los últimos vestigios de estas antiguas ciudades y pueblos precolombinos.
Según la opinión de los Wagner, los túmulos serían netamente artificiales, compuestos “por un núcleo homogéneo de tierra tomada de los terrenos circundantes” (:339). Tendrían en el caso de los más grandes entre 20 y 25 metros de ancho por 50 metros de largo y tres o cuatro metros de altura. Estas elevaciones habrían sido utilizadas como lugares de habitación, pero también como entierros, es decir usadas como sepulturas. En otros casos, habrían cumplido la función de diques de contención para las aguas, que se embalsaban en grandes represas construidas para ese fin. Por lo tanto, estos túmulos no evidenciarían señales de habitabilidad, hecho que reforzaba la opinión de los Wagner, acerca de la función que cumplían. En realidad serían albardones de los meandros de los ríos abandonados, de allí la ausencia de restos habitacionales.

Los autores insisten en que el objetivo fundamental era la de orientar y contener las aguas, que después eran utilizadas cotidianamente por la población. Razón por la que siempre estos túmulos estarían ubicados al lado de los lechos secos de ríos, o en su defecto, para encaminar las aguas de lluvia hacia los depósitos abiertos para almacenarla, esta sería la causa principal de la disposición y orientación espacial. De acuerdo a los autores sería un hecho totalmente razonable, ya que al estar ubicados en los bordes del agua, habitarlas era imposible, dada la cantidad de mosquitos que dificultaría la vida cotidiana.

Además, han sostenido que era una manera muy efectiva de contrarrestar los efectos de las inundaciones y desbordes que sufrieron las poblaciones, de los ríos Dulce y salado, afectados por los deshielos andinos y las lluvias estivales. De esta manera las aguas permanecían embalsadas en las grandes avenidas que formaban los túmulos, hasta que bajaban los torrentosos caudales de los ríos, y cuando esto ocurría, estas aguas retomaban su curso natural.

La inclusión de estos autores es independiente de la posición que sustentan en cuanto al origen, los simbolismos, la antigüedad y dispersión de la civilización que plantean. Los estudios recientes han modificado sustancialmente los conceptos que sostuvieron estos autores; posición a la que adherimos, por lo tanto no compartimos con la mayoría de las afirmaciones contenidas en los distintos trabajos, especialmente sobre la existencia de una antigua Civilización Chaco-Santiagueña.

Frenguelli (1940) al realizar la caracterización geográfica de la provincia de Santiago del Estero, señala las estrechas vinculaciones fisiográficas, fitogeográficas y edafológicas, la que se traducen en causas eficientes de dispersiones biológicas. Define a la Provincia de Santiago del Estero como área de propagación y de tránsito de formas zoológicas, inclusive humanas. Considera que en su territorio se observan además de las transformaciones florísticas, la transición de los distritos faunístico subtropical y pampásico.

A continuación el autor hace una serie de consideraciones en relación al hombre y su asociación con el medio, especialmente con el agua potable, que debió marcar ciertos derroteros obligatorios para poder cruzar o establecerse dentro de Santiago del Estero, ya que no poseían los “recursos de la civilización moderna”.

Frenguelli señala que las rutas obligatorias, pero precarias, fueron trazadas por los cursos fluviales no permanentes y las depresiones, especialmente durante la estación lluviosa, época en la que se multiplicarían o dilatarían las lagunas y los cursos transitorios...

“Fueron posibles, entonces, por estas vías, desplazamientos de elementos humanos migrantes desde las regiones boscosas del Norte hacia la pradera y especialmente el curso del río Dulce, cuyo caudal de agua cristalina está alimentado abundante y permanentemente por sus nacimientos en las vertientes orientales del sistema del Aconquija... Pero también el Salado debió desempeñar la función de rumbo importante... por la extraordinaria longitud de su curso y la importancia de las regiones que cruza en su recorrido” (:18).

“Además, el curso de ambos ríos, en comparación con la ruta precaria de las depresiones, pudo adquirir mayor importancia no sólo como vía de dispersión y de tránsito, sino también como zonas de estacionamiento humano. En efecto, sólo en sus márgenes pudieron haber prosperado poblaciones sedentarias de agricultores. Pero, desde este punto de vista, más que las depresiones y los mismos ríos, la máxima importancia debió ser alcanzada por las áreas nodales formadas por la intersección de ambos sistemas hidrográficos”.

“Una de estas áreas nodales de notable desarrollo, determinada por la intersección de la zona deprimida occidental y el valle del río Dulce, sigue el curso de éste río desde la ciudad de Santiago hasta más allá de Salavina, ensanchándose transversalmente desde Villa San Martín y Loreto hasta Fernández y Taboada. Su importancia como área de dispersión y estacionamiento humano está claramente revelada por la considerable cantidad de materiales arqueológicos que de su suelo pudieron exhumarse”. (:19)

Lorandi y Lovera (1972) señalan que el patrón de poblamiento se habría organizado de acuerdo a los cursos de los ríos, tanto de los cauces principales y brazos secundarios actualmente con agua, como aquellos antiguos, hoy abandonados y secos. Por lo tanto el sistema de asentamiento estaría estrechamente ligado al régimen de los ríos, sujetos a las constantes fluctuaciones hídricas. De acuerdo a este principio habrían existido combinaciones cíclicas de inundación-sequía por un lado, y por el otro, el aprovechamiento para la actividad agrícola de las zonas inundables por el depósito anual de limos fértiles. Esta sería una de las razones de las constantes modificaciones de los emplazamientos humanos.

“...El asentamiento típico santiagueño se hizo sobre montículos que se alinean en número variable, siguiendo, en general, los cursos de los ríos, y cuyo origen y morfología ya ha sido explicado por Frenguelli... Esto es válido, por lo que conocemos hasta ahora, para el período medio – tardío, es decir, aquél ocupado por lo que se denomina Sunchituyoj y Averías; pero no así para Las Mercedes, que corresponde al momento más temprano. Tampoco se encuentran asentamientos sobre montículos en Guasayán ni en el curso superior del río Dulce, donde los fragmentos de alfarería u otros restos yacen directamente sobre las barrancas” (:181).

Esta afirmación no es del todo correcta, ya que hemos detectado varios sitios en la Serranía de Guasayán, con montículos artificiales-.

Los grupos prehispánicos de Santiago del Estero, habrían poseído una economía de subsistencia, pero también pudieron haber sido agricultores por inundación, especialmente aquellos grupos que vivieron próximos a la ciudad de Santiago del Estero, de acuerdo a la información proporcionada por Diego Fernández (Berberián, 1987), sobre la práctica agrícola al momento de la conquista española.

Por otro lado señala la importancia de la recolección de frutos silvestres como el algarrobo, chañar y mistol y la caza de especies de mamíferos, aves y reptiles y la pesca estacional, todos ellos constituyeron los recursos de subsistencia, de suma importancia en un ambiente como el santiagueño.

De acuerdo a los huesos recogidos en el sitio Quimili Paso, en primer lugar estarían los peces, siguiendo en importancia los mamíferos y las aves, especialmente el ñandú. “Si bien no se descarta que las comunidades del Mailín, o al menos Quimili Paso, haya sido agrícolas, la preponderancia de la dieta carnívora aparece afirmada por ciertos caracteres osteológicos observados en uno de los restos humanos desenterrados en el lugar”(:181). De acuerdo al análisis efectuado tendría malformaciones óseas y alteraciones dentarias que correspondería a una dieta no equilibrada.

El Dr. Raffino (1975) al caracterizar los modelos económicos del noroeste argentino señala que, “a la luz de las evidencias aportadas por la arqueología, es indudable que el modelo productivo agrícola del interfluvio santiagueño no alcanzó el desarrollo tecnológico, ni la importancia de los bolsones fértiles puneños, valles y quebradas. No obstante casi 70 años de investigaciones, el suelo santiagueño no alcanzó a proporcionar mayores elementos, sean datos de infraestructura ligada con la agricultura, o con indicadores mobiliares, por medio de los cuales se puede inferir un modelo económico agrícola que haya sido capaz de aglutinar poblaciones estables y, en cierto modo, equipararse con el prolífico nivel tecnológico-artesanal aborigen de Santiago del Estero, especialmente su alfarería.

Es indudable que esta falta de datos obedece, en gran medida, a la ausencia de documentos arquitecturales elaborados sobre la utilización de materiales no perecederos, como la piedra. El registro arqueológico de esta región parece destinado a tipificar a sus aborígenes a un modo de vida aldeano e inestable, concentrados en túmulos en las zonas pantanosas intermedias entre las cuencas del Dulce y Salado; productores de una tecnología orientada hacia una economía con escasa ganadería de llama, y mucha caza y recolección, donde la agricultura aparecería como un recurso secundario” (:36).

Por otro lado, el autor advierte que el panorama es completamente diferente, cuando se analizan las primeras cónicas de los españoles, donde se observaría la magnitud de los recursos agrícolas presentes. La zona de mayor agriculturización habría sido el interfluvio húmedo de los ríos Dulce y Salado, así como las depresiones, canales y cuencas temporarias que fueron utilizadas para la extracción del agua para riego.

De acuerdo al autor, “El sistema agrícola practicado puede ser llamado “de inundación”, o de agricultura en bañado, que resulta ser una variante muy empobrecida del “permanente”. Efectuado con regadío, con la utilización de canales y hoyadas (ambas muy mencionados por las crónicas). Se comprueba etnohistóricamente la intervención de cultígenos como el maíz, pallar, poroto, raíces tuberosas y quinua” (:36). Como evidencia indirecta considera los aportados por la arqueología, especialmente el trabajo de Lorandi y Lovera (1972).

Dentro del modelo económico, considera que debería incluirse también, la escasa ganadería de llama, la recolección de algarroba, miel, nogal y moluscos; la caza de animales como los cérvidos, camélidos, aves y roedores, así como la pesca en ríos y pantanos. En base a estos elementos establece, “…un modelo económico mixto o simbiótico, de recursos agrícolas, con no producidos. Aparentemente estos recursos fueron suficientes como para permitir concentraciones demográficas en poblados urbanizados, como los mencionados por Diego Fernández” (:37).
Por fuera del área de los interfluvios húmedos, existiría hacia el este, una economía basada en la depredación, ya sea por caza, recolección o pesca, que debió tener contacto con los grupos sedentarios agricultores, generando una economía mixta o simbiótica.

Finalmente, presentaremos el trabajo elaborado por Cione, Lorandi y Tonni (1979), referente a los estudios realizados sobre los restos recuperados en la antigua población prehispánica identificada como “El Veinte”. En base a las conclusiones obtenidas por el Dr. Cámara Hernández, hacen referencia a la existencia, en el sitio estudiado, de más de una raza de maíz lo que demostraría una selección previa, lo que implicaría a su vez un proceso de diferenciación. En sus opiniones estos maíces tendrían vinculaciones con especies conocidas en el N.O., aunque reconocen que la escasez de la muestra impide aventurar conclusiones más exactas.

Con respecto a los cultígenos citados por los cronistas como, frijoles, zapallos y “una planta como la yuca”, considera que esta última podría tratarse de la batata; esta afirmación se encuentra apoyada fundamentalmente en los datos de la agricultura actual. Apoyan su hipótesis acerca de la batata, en el hecho de que su cultivo se realiza en Santiago con riego por inundación, y como dan por hecho la habilidad de los antiguos pobladores del Veinte para el control de las aguas, existiría la posibilidad de que hayan utilizado estas técnicas para su cultivo. Además, la presencia de las hachas pulidas, en este sitio, elemento característico de los pueblos que practican el desmonte, podría ser un indicador, siguiendo la misma línea de hipótesis, de la práctica de una horticultura de tubérculos, que habría constituido una buena parte de la dieta alimenticia, dado el escaso tamaño de la mazorca del maíz recuperado.

Por otro lado, los autores le adjudican a la recolección un carácter complementario de todas las otras actividades descriptas. En este sentido incluyen la recolección de frutos del monte circundante es decir de algarroba, mistol, chañar y ají. Amén de otros productos que no citan y que completarían su actividad recolectora. Sostienen que, esta actividad se desarrollaba durante el verano, de noviembre a marzo, para la que debieron organizarse “ya sea por división sexual del trabajo, ya sea por grupos de edades o familiares"

Como comentarios e hipótesis generales, de acuerdo a los autores existiría en el área de estudio, “desde el punto de vista de la dinámica ecológica prehispánica... la existencia de tres sectores diferentes”:

1. La ocupada por el poblado actual donde se registrarían los mayores volúmenes de agua en época de inundación. Esto habría facilitado la pesca que ha juzgar por la ictiofauna analizada, correspondería a la que se encuentra en bañados y esteros. A su vez la gran humedad acumulada por la concentración de agua permitiría la práctica de la agricultura. Sostienen que no debe haber existido mayor humedad en el pasado que en la actualidad, pues la fauna es la correspondiente a las de las zonas semiáridas con bosques circundantes y abras que contenían pastizales con cuerpos de agua cercanos. Esto justificaría la presencia de gran cantidad de aves acuáticas continentales, y la de los guanacos para quienes estos espejos de agua habrían sido sus abrevaderos.
2. Sector ocupado por la población prehispánica: los autores comprueban que en esta zona existieron además de los cauces naturales, desagües planificados. Ambos conformaban un sistema de drenaje, que simultáneamente evitaban las inundaciones en las zonas habitadas, y aseguraban la acumulación de las aguas en las represas ubicadas en el extremo sur del asentamiento.
3. El bosque circundante: este lugar habría sido para los autores, la principal fuente de recursos de caza, pesca y recolección. La actividad de caza tal como lo sostienen, es una actividad que se desarrollaba aparentemente durante todo el año. Aunque resaltan la existencia de cierto control selectivo de la fauna, pues el consumo evidencia la ausencia de animales muy jóvenes, salvo en el caso del guanaco.


Por último, establece que la alimentación obtenida por la caza, era lo suficientemente completa, en cuanto al valor proteico. El guanaco ocupaba un lugar destacado en la alimentación, a juzgar por la gran cantidad de huesos de esta especie, y la importancia de su caza queda evidenciada, por el hallazgo de un posible sacrificio en uno de los montículos.

La pesca en su mayoría estaba constituida por cascarudos, armaditos, anguilas y bagres. La horticultura pudo haber tenido una importancia relativa, mayor que la que tiene actualmente, e hipotéticamente habría estado centrada en el cultivo del maíz y de la batata. Las semillas de recolección podrían haberse conservado en forma de harinas o bebidas fermentadas.

Nuevos aportes

A continuación, presentaremos algunas evidencias relacionadas con el aprovechamiento de los recursos, por parte de las distintas comunidades prehispánicas, asentadas dentro del territorio provincial. Estos grupos pertenecen a momentos cronológicos y culturales diferentes (Togo, 2004). En primer lugar analizaremos los correspondientes a los asentamientos de los grupos portadores de la cerámica conocida como Las Mercedes, cuyo desarrollo lo ubicamos tentativamente entre el 350/400 y el 1100/1200 DC.

El sitio Brea Pozo Viejo se encuentra próximo a la localidad actual de Brea Pozo, Departamento San Martín, en dicho lugar realizamos sondeos estratigráficos donde además de la cerámica se recuperaron restos esqueletarios pertenecientes a los Órdenes de Camelidae, Rodentia, Rheidae y Canis, además de otros no identificados. La mayor cantidad de restos pertenecen a los Camélidos, (más del 70%) con una alta posibilidad que correspondiese a guanacos; hasta tanto no concluya los estudios correspondientes, no debería descartarse que algunos de ellos pudiesen pertenecer también a llamas. El segundo grupo en importancia corresponde al Orden Rodentia, cuyos restos podrían pertenecer a cuises, conejos, vizcachas o coipos. Con respecto a los restos pertenecientes a la Familia Canidae no se pudo determinar su especificidad en forma fehaciente, por lo tanto podrían corresponder tanto a zorros como a perros. Por último citaremos la presencia de un número considerable de restos pertenecientes a ñandú o suri, lo que demuestra su importancia dentro de la economía local.

Por lo expuesto, la base económica de los pobladores de Brea Pozo Viejo estuvo sustentada, casi con seguridad, en la caza, pesca y recolección. A pesar de no contar con evidencias, es posible que complementariamente se dedicaran a la horticultura de cultígenos como el maíz y el zapallo.
La Cañada es el siguiente sitio que presentaremos en esta ocasión. El yacimiento prehispánico se encuentra al sureste de la ciudad termal de Río Hondo, sobre la margen izquierda del Río Dulce. En cuanto a la economía, de acuerdo a los materiales recuperados, habría sido básicamente depredadora, aunque no podría descartarse la práctica de la horticultura. En cuanto a la caza, aparenta haber aprovechado todo el potencial ecológico de medio, aunque no debemos descartar la posibilidad de la domesticación del ñandú o suri, por la gran cantidad de restos, así como el de la llama. Además de los camélidos y del ñandú se recuperaron restos de quirquincho de varias especies, lagartos, chanchos del monte, vizcachas, conejos, carnívoros y roedores. Además era frecuente la recolección de caracoles, tortugas, etc. La pesca posiblemente haya sido fundamental en la dieta alimenticia ya que consumieron en gran cantidad, variedades de bagre, sábalos, boga, dorados, tarariras, palometas, etc.

Los grupos humanos asentados en el sitio que hemos denominados, Villa La Punta “Guayacán”, aprovecharon todas las potencialidades que el medio les ofrecía. Entre los recursos más utilizados se encuentran los suris, ya que de esta especie obtenían tanto la carne, los huevos y las plumas, pero se desconoce si eran domesticados o no. Los camélidos también fueron importantes dentro de la dieta alimentaria, de acuerdo a la cantidad de restos recuperados, que según el especialista del Museo de La Plata, serían de guanacos la totalidad de ellos. Entre otros restos tenemos tres especies diferentes de conejos, así como los pertenecientes a los géneros Rodentia y Microcavia. Otras especies presentes son las de lagarto, cuis, quirquincho, ave, mamífero y caracol terrestre. A pesar de la identificación de gran número de restos, muchos de ellos no pudieron ser clasificados por estar fragmentados o carecer de las partes claves, razón por la cual, se desconoce la totalidad de la fauna aprovechada.

El sitio definido como San Félix se encuentra ubicado en el Departamento San Martín, a unos 30 Km de Fernández, corresponde a un asentamiento de los grupos portadores de la cerámica Sunchituyoj. Los resultados de las investigaciones practicadas en dicho sitio fueron altamente satisfactorios, en cuanto al aprovechamiento de los recursos ya que se dispone de evidencia del uso de fauna local como guanaco, nutria, conejo de palo, conejo o tapetí, tuco-tuco, peludo, vizcacha, lagartos, ñandú, caracoles, peces y ciervo de los pantanos. Para la identificación de la especie, clase, familia o género se utilizaron las partes esqueletarias más representativas lo que confiere seguridad. El ciervo de los pantanos y otras especies cazadas o recolectadas, nos sugiere el ambiente donde desarrollaron sus actividades los habitantes de esta localidad.

De acuerdo a los restos identificados, la dieta alimentaria era muy variada, aprovechando las posibilidades que el medio les ofrecía para cada estación del año, desde determinada especie de reptiles, gasterópodos, mamíferos, peces, roedores, anfibios y aves. Los más representativos son los guanacos, los ñandúces (carne y los huevos), los conejos, las vizcachas, las víboras, las culebras, los quirquinchos, los lagartos, los caracoles de agua y terrestres y los peces como los bagres, sábalos, dorados, tarariras, bogas, etc.

La economía debió ser básicamente extractiva, sustentada tanto en la caza, pesca y recolección, complementada con la horticultura de especies como el maíz (por el hallazgo de un fragmento de mazorca quemada). En cuanto a la caza aprovecharon todo el potencial que cada estación y el ambiente les ofrecía, de allí la gran variedad de especies que encontramos como restos de cocina. La recolección de frutos como la algarroba o el chañar debió ser importante, como lo demuestra el hallazgo efectuado en uno de los montículos estudiados.

Por último presentaremos los materiales extraídos de las excavaciones realizadas en el sitio con cerámica Averías, denominado Media Flor, Departamento Robles, donde se recuperaron un número importante de restos faunísticos. Los materiales fueron clasificados e identificados algunos hasta la categoría de especies, mientras que en otros se pudo llegar hasta el de: Clase (Gasteropoda, Aves, Mammalia); Superorden como Teleostei; Orden como Siluriformes, Characiformes, Anura, Artiodactyla y Rodentia; Familia como Columbridae y Dasypodidae y Género como Austroborus, Spixia, Bulimulus y Ctenomys.

De acuerdo a los restos recuperados, la comunidad radicada en Media Flor, utilizó todos los recursos disponibles del medio para su alimentación, lo que señala el pleno conocimiento del entorno natural y sus posibilidades a lo largo de las distintas estaciones. El tamaño del asentamiento demuestra el éxito alcanzado en la práctica de una economía mixta depredadora -recolectora, cazadora, pescadora- y la complementación con posibles cultivos de maíz, zapallo y poroto, de acuerdo a los relatos de los primeros cronistas que pisaron suelo santiagueño. La posible dependencia a un mayor consumo de maíz, para este grupo, se encuentra evidenciada en los huesos de los esqueletos analizados, donde han quedado las improntas de las carencias proteicas y el aumento de las caries dentales, casi ausentes en sociedades precedentes.

La presencia española

Con la llegada de los conquistadores españoles a suelo santiagueño el panorama de los asentamientos humanos y el uso de los recursos cambia sustancialmente, ya que las tierras consideradas como comunitarias pasan a ser de propiedad privada, de una encomienda, merced o particular.

El dominio ejercido por los españoles en el Tucumán Colonial, tuvo que realizarse –por razones estratégicas de concentración de fuerzas-, desde los reducidos espacios aldeanos y tribales conquistados, para proyectar luego su poder administrativo, religioso y militar al espacio regional, cuyos límites se tornan imprecisos. Si bien los españoles aprovecharon el sistema puntual de asentamiento indígena, es obvio que introdujeron variantes propias en la organización interna de los núcleos de poblamiento, llamándolos ciudades, villas o pueblos, según lo establecía las Leyes de Indias y cuya presencia señala la importancia y categoría regional de las mismas, subordinadas en todos los casos a un sistema jerarquizado de control estratégico que se va definiendo desde el principio de la conquista, manifestadas en las corrientes del Perú y Chile, convergentes ambas en Santiago del Estero, durante dos siglos, capital religiosa, militar y civil del Tucumán Colonial.

Las poblaciones españolas se asientan sobre las preexistentes indígenas, en las cercanías de los ríos y espacios productivos, como una modalidad regional uniforme, para obtener el beneficio directo de los recursos generados, y aprovechar la mano de obra indígena concentrada. Esta misma realidad se manifiesta en toda la América Colonial, salvo algunas excepciones como las fundaciones de Buenos Aires y Córdoba que respondieron más a consideraciones de tipo colonial-mercantil, de comunicación y administración.

En realidad la colonia española se manifiesta en tales frentes, como un sistema de avance desde el Oeste, sustituyéndose con el tiempo, distintas instituciones coloniales que señalan momentos distintivos de actividades productivas: las encomiendas son reemplazadas por las reducciones y, posteriormente, los fortines por las estancias, cada vez en espacios más amplios, inclusive allende el Salado, que fuera barrera infranqueable en los comienzos del régimen colonial, y luego frontera móvil, controlada estratégicamente por la indócil masa indígena Guaycurú-Abipón.
Si bien el primer pueblo español asentado en territorio santiagueño fue Medellín, fundado por Francisco de Mendoza en 1544, las primeras encomiendas las entrega Núñez del Prado en 1552 en las cercanías del Real, sobre el Río Dulce, destacándose Soconcho, Tipiro y Manogasta. Esta Institución perdura mientras la masa indígena permanece casi constante en los territorios conquistados, luego, cuando la misma entra en crisis, por el exceso de trabajo, las enfermedades, las muertes y la baja natalidad, hace irrupción una nueva forma institucional conocida como Reducciones, que se instalaron sobre la cuenca del Río Salado, región no controlada política ni militarmente por los españoles; de esta manera surge Vilelas (1737); Petacas (1762) y Abipones (1772), localizadas en los actuales Departamentos: Sarmiento, Copo y Aguirre, respectivamente.

La reducción, como organización religiosa-productiva controla y concentra las poblaciones indígenas dispersas durante el Siglo XVII, asegurando de esta manera, la catequización y aculturación forzada del indígena, por una parte, y por la otra, asegurando la producción agrícola-ganadera y artesanal, como base de sustentación de la colonia decadente. Durante el breve período de vigencia, tuvo su importancia institucional, pero la disminución real de la mano de obra indígena y la constante presión ejercida por los grupos nómades del chaco, contribuyeron en gran medida al abandono de las reducciones y al despoblamiento de las regiones del Río Salado, sólo dominadas y sometidas con las instalaciones de los fortines, en la cuenca inferior de la misma (Tasso y Togo, 2000).

Los fortines surgen a fines del siglo XVII, y perduran hasta muy avanzado el siglo XIX, constituyendo una modalidad peculiar y nueva de poblamiento, asegurado por el sistema fortificado lineal, en frente de avanzada hacia el chaco santiagueño, que contribuyó a asegurar a las poblaciones españolas y criollas, de la pampa húmeda y Santiago del Estero, contra el malón de los indígenas, que tenían sus dominios en la región chaqueña y norte santafesino.

Los fortines se instalaron en un contexto descampado, en líneas estratégicas de mutuo apoyo en caso de peligro, ubicándose a una distancia no mayor de 10 km unos de otros, muchos de ellos estaban rodeados de empalizadas y fosas, defendidos internamente por cinco o seis soldados de líneas, que no recibían paga alguna, y como retribución se les otorgaba predios agrícolas, en la que se instalaban con sus respectivas familias, en la mayoría de los casos. La extensión de las tierras variaban de acuerdo a la jerarquía militar del adjudicatario, estos fuertes tenían en su interior los rancheríos distribuidos de sus escasos habitantes, dedicados a la cría de ganados y el cultivo de las huertas, muchos de ellos se transformaron en cabecera de estancias o pueblos, con las familias pioneras y a la presión espacial de la región. Los diversos fortines que se instalaron dentro del territorio provincial, se encuentran descriptos en los trabajos de Orestes Di Lullo y Sara Díaz de Raed, tanto las del Salado, como las del Dulce y las transversales a la misma.

La especialización regional y local de las actividades productivas señalan no sólo una modificación de las formas sociales de relación del sistema encomendado, reduccional y fortificado, sino también la instalación de la mano de obra mestiza y criolla, que suplantará a la indígena y española pura, de los períodos precedentes, desarrollados en grandes espacios abiertos sin límites precisos, y que van cubriendo la totalidad del territorio en forma horizontal y aisladas, como sistema de asentamiento de la campaña santiagueña, contribuyendo espontáneamente al sostenimientote los propios fortines, con donativos de ganados en el siglo XIX.

Como ejemplo señalaremos la descripción que realiza el Comandante Page, que navega el Salado entre San Isidro y San Pablo (Dpto. Taboada) y Monte Aguará (Pcia. de Santa Fe) en 1855, en ella figura la estancia “Doña Lorenza” considerada como una de las “más afamadas del Plata” por la gran cantidad de ganados que pastaban en esas tierras, así como el verdor de sus alfalfares. Amadeo Jacques señala en 1856 a la “Viuda” como una de las estancias existentes, y la considera como una rica región ganadera, por los establecimientos instalados en dicha zona. En el informe de Martín de Moussy de 1864 figuran numerosos fortines, pozos y estancias a lo largo del Río Salado, entre ellos incluye a la “Sepultura” (Dpto. Figueroa), perteneciente a los Taboada, con gran cantidad de ganados vacunos y mulares.

Finalmente citaremos a Alejandro Gancedo, que identifica en 1889 numerosas estancias en su Memoria Descriptiva de Santiago del Estero. Muchas de estas estancias dieron lugar con el tiempo al surgimiento de aldeas o poblados menores, por la práctica de la participación familiar sobre la propiedad de la tierra, sin que presentaran las características organizativas de las “villas”, que históricamente se fundan durante el período colonial, en las cercanías o sobre la mismas poblaciones indígenas, siguiendo el curso de los ríos y en los lugares más favorecidos de las serranías, sobre los caminos reales que unían Buenos Aires, Córdoba y el Alto Perú.

Es evidente que los asentamientos poblacionales de Santiago del Estero, en los tiempos modernos, responden a modalidades históricas que se originaron en su espacio territorial, siguiendo los caracteres definitorios del relieve, la hidrografía, el ferrocarril y las colonias, tal como ha ocurrido en el resto del país. No obstante puede señalarse en tal patrón de asentamiento, de tipo lineal y puntual, dos momentos: el colonial, ya analizado en los párrafos anteriores y el institucional. Este último orientado por disposiciones legales y constitucionales que favorecieron desde el comienzo de nuestra independencia, la inmigración europea de tipo urbano y estructural, desarrollándose en círculos concéntricos desde la zona pampeana, cuyos antecedentes se pueden remontar a la propia creación del Virreinato del Río de La Plata. El crecimiento demográfico explosivo y el cambio económico producido con la incorporación de capitales sociales básicos, contribuyeron a tal definición.

El ferrocarril ha sido el instrumento tecnológico que más influenció en el desarrollo espacial en el territorio argentino, correspondiente al momento estructural de máxima expansión económica colonial. La rápida instalación como capital social básico estuvo destinada a drenar los recursos económicos del país, e introducir por el puerto de Buenos Aires las manufacturas inglesas. Estos intereses han generado la singular red nacional ferroviaria, todas convergentes hacia la metrópolis portuaria.

En su momento cuatro líneas troncales cruzaron el territorio santiagueño en sentido diagonal, de SE a NO, e ingresaron sucesivamente en los años 1876; 1884; 1888 y 1930, por Frías, Selva, Fortín Inca y Pampa de los Guanacos, respectivamente. La segunda línea mencionada correspondía a la troncal del ferrocarril Mitre con destino final la ciudad de San Miguel de Tucumán, mientras que las otras líneas pertenecían al ferrocarril Belgrano de carácter internacional por su comunicación con Chile y Bolivia y convergente en Tucumán y Metán. Tales líneas del ferrocarril produjeron en Santiago del Estero más de 100 estaciones o simples cargaderos de materia prima, encerrando en los bajos, serranías, salinas y suelos inservibles, a todos los pueblos o villas precedentes, asentados los mismos en las cercanías de los ríos, pozos o represas naturales, desde los tiempos coloniales y aún precoloniales. Se transformaron en pueblos vegetantes, estancados, marginados y atomizados por el propio ferrocarril, ya que de ella se nutrió para la formación de los nuevos asentamientos, trasladándolas traumáticamente siguiendo una dirección específica y jerarquizada de explotación.

Colonización agraria

Se podría considerar al poblamiento español como el primer hecho de colonización agraria en el país (Báez, 1947), pero asentado básicamente sobre dominios nativos, es con Manuel Belgrano en la primera etapa, y luego en la presidencia de Bernardino Rivadavia, que la colonización asume un carácter definido. Sin embargo, se considera como primera colonia instalada con extranjeros que vienen a labrar la tierra, a la de Aarón Castellanos en Esperanza, Provincia de Santa Fe en 1856, favorecidos por las regalías que otorgaba el Gobierno de la Confederación a los europeos, a partir de la Organización Nacional de 1853.

En Santiago del Estero la colonización agraria queda limitada a determinados sectores espaciales de la provincia, con escasa diferenciación ecológica con su vecina pampa húmeda, al menos en el tema del relieve y suelo, y no así en el aspecto hídrico. El mismo hecho estructural de avance radial desde el litoral marítimo, señala un ingreso tardío a la provincia, también es cierto que su propia realidad ecológica ha impedido e impidieron un ingreso masivo hacia el norte. De este modo la colonización agraria capitalista en la provincia, ha seguido primigeniamente la entrada del ferrocarril, aunque decidiendo un nuevo tipo de poblamiento.

El paisaje agrario en cuadrícula, que es atípico en la cálida llanura boscosa santiagueña, signada por el ferrocarril y el obraje, surge como consecuencia de las instalaciones de las colonias como: La Selva, Malbrán, Pinto, Bandera, Dora, etc. Una excepción la constituye la colonia de Rams y Rupert, establecida en Icaño entre 1850 y 1860, con canales de riego derivadas desde el río Salado. Por otra parte, las colonias del departamento Rivadavia se orientaron desde el comienzo a la explotación agropecuaria, destinada a la producción de leche, lo que da un carácter semimoviente al paisaje con instalaciones fijas para ordeñe, en cambio las colonias agrícolas propiamente dichas ofrecen sus cuadrículas gigantes de cereales, hortalizas, oleaginosas, forrajes o tubérculos, según la orientación y tradición del productor.

En este análisis hemos dejado de lado todo lo concerniente a la explotación y uso del espacio forestal, ya que sería demasiado extenso para el presente trabajo.

La intervención humana y el Bañado de Figueroa

En 1985 (Togo y Basualdo) realizamos un exhaustivo análisis sobre los asentamientos humanos y uso de los recursos en la zona de bañados de la provincia, especialmente los de la cuenca del río Salado. De ese informe se han tomado algunos aspectos para señalar la importancia de este ecosistema y el deterioro de la misma a partir de la intervención humana, sea planificada o no.

El bañado representa un tipo múltiple de subsistencia humana, como el agua, elemento fundamental y necesario en una región como la santiagueña, que se caracteriza por su continentalidad y semiaridez. Además suministra variados recursos directos e indirectos, aportados por el mismo río Salado como peces de distintas especies en forma permanente, fauna avícola, acuática y subacuática y mamíferos adaptados a la ecología y/o cadena trófica del bañado, el limo aprovechado como fertilizante por los periódicos derrames utilizados por las poblaciones en su particular sistema de aprovechamiento agrícola, etc. Este conjunto de elementos que en definitiva no ha variado sustancialmente durante los últimos 50 años, sin embargo, al alterarse los ciclos rítmicos del bañado y las superficies agrícolas, por la introducción de pautas culturales foráneas en un medio esencialmente conservador, fueron las que modificaron las actitudes humanas y los asentamientos lineales y periféricos al bañado, en forma preferencial y excluyente de otros paisajes regionales con menores respuestas ecológicas.

Resulta evidente que toda obra de regulación hídrica generan cambios ecológicos, socioculturales y económico-tecnológicos a lo largo de la cuenca afectada. En este sentido, el régimen hídrico del río Salado ha sido profundamente alterado a partir de la construcción del Dique de Figueroa, en primer lugar, y luego el General Belgrano en Cabra Corral, obra que permitió el control y racionalización del agua, y la seguridad de su presencia en la extensa longitud de su cuenca, antes sujetas a las pulsaciones hídricas y a la secuencia inundación-sequía; bajo ese régimen se ha desarrollado gran parte de la historia santiagueña sobre el curso del Salado.

Pero además de los beneficios directos y visibles que significa la presencia continua del agua en los doces meses del año, para las poblaciones asentadas en sus márgenes, es evidente que el encauzamiento definitivo del río, por el control de sedimentos y la posibilidad del riego controlado o semicontrolado, contribuyeron a la estabilidad de las poblaciones adaptadas a la nueva realidad, al mismo tiempo que el espejo de agua de los diques, ofrece la perspectiva de un aprovechamiento racional de la fauna existente, y de aquella otra que pudiera sembrarse. Estos hechos, se comprende, son positivos, en tanto las poblaciones locales forzada o voluntariamente acepten los cambios producidos –al margen de consideraciones sociológicas, económicas o tecnológicas- Si así no fuera, los resultados esperados no sólo serán negativos, sino constituirán un verdadero fracaso.

Pero lo que resultaría valioso establecer, es si las acciones emprendidas en los bañados de Figueroa con la finalidad aparente de recuperar suelos para la agricultura y la ganadería mediante un manejo voluntario de los caudales hídricos, son compensatorias económica, social y ecológicamente, para el espacio estrictamente designado “Bañado de Figueroa”, habida cuenta que el recurso básico del mismo, es precisamente el aporte periódico (o no) del limo fertilizador, sobre el cual las poblaciones han realizado su propia supervivencia durante siglos, en un equilibrio ecológico inalterable, que contribuyó secularmente al drenaje espontáneo del suelo y al propio régimen de cultivo de bañado, que encuentra así su explicación y realización en la secuencia presencia-ausencia del agua, a cuyos ciclos se encuentra ajustado todo un sistema biológico y de migración.

Al intervenirse la variable ausencia y sustituirla por una constante presencia del agua, se alteraron las bases de sustentación de la economía del bañado. No siempre una alternativa técnica ofrece una respuesta total al sistema hídrico porque es evidente que no maneja la totalidad de las variables. Por tal razón, muchas obras de regulación parcializada, caen lamentablemente en una subutilización crónica del recurso, no sólo de los recursos naturales, sino de los propios recursos económicos, financieros, tecnológicos y humanos. En la planificación integral, en cambio, no obstante que la misma puede llevar a desfasajes de tipo económico-social y aún tecnológico, es obvio que deja menos márgenes de errores y asegura con menor esfuerzo el ajuste de los elementos intervenidos, contemplando los intereses generales y particulares de los factores involucrados en la zona afectada.

Así, controlar el agua puede resultar valioso si se lo considera económicamente para determinados sectores y actividades o usos del recurso hídrico. Pero, ¿cual es el costo ecológico, económico y social de tales alternativas, sobre todo si no logran optimizarlo, permaneciendo por debajo de su valor potencial, cualquiera sea las explicaciones o razones de su subutilización? Propiedad de la tierra, problemas técnicos, incrementos financieros, estructuras de comercialización, políticas fiscales o generales, etc.

En tal sentido puede afirmarse, que las obras de regulación del río Salado, como la del Dique Figueroa, pero sobre todo la de Cabra Corral y la infraestructura caminera asociada, han contribuido a una ruptura del equilibrio poblacional del área del bañado, en lo referente a los asentamientos. Una de las consecuencias ha sido el decidido el abandono de los predios productivos y la salida de la población hacia los sistemas lineales de flujo y circulación señalados, ya que la permanencia del agua en el bañado, han quitado cobertura a sus decisiones productivas, haciéndose dificultosa la propia sobrevivencia e instalación de sus viviendas. Esta afirmación tiene asidero en el hecho de haber comprobado cartografías regionales del pasado que señalan asentamientos humanos distribuidos en pleno bañado, y la circunstancia de que a mayor cantidad de elementos foráneos como los mencionados, mayor es la dependencia del exterior de estas comunidades, antes casi totalmente cerradas y adaptadas al ritmo de inundación periódica, que dejaba a las viviendas y predios productivos, sólo por un tiempo afectados por el agua.

Por otro lado, las necesidades y deseos de progreso material, que llega “cabalgando” por los nuevos accesos, orienta a las generaciones de jóvenes hacia el trabajo asalariado que le asegure un mínimo de ingreso capaz de sustentar sus apetencias de compra. Esta salida laboral genera migraciones, primero estacional y luego definitiva, cayéndose así en un círculo vicioso de la dependencia, por la ruptura ideológica e institucional producida con tales desfasajes.

En éste análisis no debemos dejar de lado, las consecuencias negativas de la regulación del Salado, por la retención de sedimentos en la cuenca alta. El río al venir más “limpio” contribuyó a la profundización y corte de tramos de la cuenca, como en la zona de Figueroa, donde el río ha tratado de buscar su propio nivel de base, dejando a las poblaciones ribereñas fuera de toda posibilidad de hacer uso de los recursos que antiguamente las proveía. De estos errores debemos aprender, ya que muchas veces proyectamos obras sin anticipar las consecuencias que producimos, a corto o largo plazo sobre el medio circundante, tanto natural como al socio-cultural de las poblaciones involucradas.


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Notas
* Este texto forma parte de Togo, José y Basualdo, Mario, 1985. “Potencial Ecológico y Asentamientos Humanos en la zona de bañados, Provincia de Santiago del Estero”. Informe Proyecto SECYT, Inédito.Togo, José, 2004. “Arqueología Santiagueña: Estado Actual del Conocimiento y Evaluación de un sector de la Cuenca del Dulce”. Tesis Doctoral, Inédito. La Plata.
** José Togo es licenciado en Antropología en 1972 y doctorado en 2004, en la Universidad Nacional de La Plata. Ver Índice de autores.