domingo, 24 de febrero de 2008

La verdad sobre el clima de Santiago

Néstor René Ledesma

La memoria del hombre es frágil. Generalmente no recordamos lo que aconteció en fechas próximas y mucho más olvidamos los acontecimientos lejanos. Cuando hablamos de clima, que es la integración de los fenómenos del tiempo, que se van sucediendo en largos períodos, la memoria n es la mejor herramienta de trabajo. En nuestro recuerdo quedan algunos hechos notables, frecuentemente dominados por circunstancias transitorias y aún lo más importante no suele recordarse con suficiente fidelidad.

Cuando hablamos del clima de Santiago del Estero, damos énfasis a algunos fenómenos que nos impresionaron especialmente y tenemos la tendencia de guardar memoria de lo negativo. Decimos Santiago es caliente, Santiago es seco... Pareciera que es el lugar más caliente y que nuestra falta de agua es la más aguda del país. Lamentablemente, transmitimos estas ideas, cuando nuestros artistas insisten en el salitral, el arenal, la siesta, la lentitud, la miseria... como consecuencia de un clima agobiante... son generalmente los mismos santiagueños quienes transmiten esta impresión. Es necesario, por lo tanto, analizar un poco, reconocer la parte de verdad que hubiera y agregarle también los aspectos positivos.

Idea general de nuestro clima

Poniendo un poco de cariño hacia el lugar en que uno vive, donde se han pasado los momentos alegres y también los tristes, podemos pensar cómo es el ambiente físico que nos rodea. Los que hacemos profesión de la enseñanza y nuestra principal actividad se concentra entre los meses de marzo y noviembre, sabemos que el factor más importante del clima, que debemos considerar, no es precisamente el calor, sino más bien el frío. pensamos en los meses de junio, julio, agosto y nos olvidamos fácilmente de los calores del verano. Sin embargo, nuestro frío no es tan intenso. En contraposición a lo que se dice, podríamos oponer otra expresión: tenemos en Santiago ocho o nueve meses de clima agradable y tres o cuatro de intenso calor. Dicen que expresarse así es exagerar, sin embargo las estadísticas, más fieles que la memoria, así lo confirman.

El problema de la sequedad debe ser interpretado de otra manera. en Santiago llueve y llueve mucho en verano. Tanto es así que las inundaciones del sur de la provincia son todos los años noticia importante en el periodismo y también preocupación de los gobiernos. Nuestro clima debe caracterizarse como “semiárido”. Esta palabra es técnica y debe presumirse que expresa un concepto claro; sin embargo, los especialistas no hemos terminado de ponernos de acuerdo sobre la definición de semiaridez. Podemos, pues, proponer nuestro propio concepto: los climas semiáridos se caracterizan por la variabilidad de todos sus elementos. Esto significa que varían la temperatura, la humedad, el viento, la presión, etc, en forma más notable que en otras regiones.

Hablando de sequedad, diremos que el clima hídrico de nuestra región semiárida nos demuestra notables variaciones en los volúmenes de lluvia caída de un año al otro, así como en las épocas en que esta agua precipitan, en los tiempos de lluvia y la forma cómo se pierde o se conserva el agua. El fenómeno de sequedad, que tanto impresiona a los santiagueños, es principalmente un factor de orden psicológico: el agua nos permite obtener buenas cosechas dos o tres años seguidos y los siete siguientes fracasamos. Esto crea una situación de angustia, por haber podido y después no poder. Entonces cunde un fenómeno psicológico de desesperación y se exagera la sequedad.

Nuestro clima térmico

Para no discrepar con el consenso general y, por el contrario, confirmar que Santiago es caliente, diremos que, de acuerdo con los trabajos del eminente climatólogo Dr. Fritz Prohaska, en el noroeste de la República Argentina se ubica el “Polo de Calor de América del Sud”, a pesar de estar tan alejado del ecuador. Nuestra provincia está incluida en este polo de calor, pero las máximas temperaturas registradas no lo fueron en ella. Temperaturas superiores a los 48° C se han registrado en Rivadavia, provincia de Salta, al este de Tucumán y en algunas localidades chaqueñas; las máximas registradas en Santiago del Estero fueron de 47,6°C.

Nuestro calor se concentra entre los meses de noviembre y febrero, pero la etapa más cálida se produce en un breve período dentro de ese amplio margen. En la mayoría de los años los días realmente calientes no alcanzan a treinta y no son continuados, se alterna tres días cálidos, con otros tantos frescos, acompañados frecuentemente por una lluvia. En años excepcionales pueden registrarse, sin embargo, muchos días continuados de calor. La característica de nuestros días cálidos es la sequedad ambiente que disminuye la sensación agobiante de la alta temperatura. La llamada “temperatura equivalente” que valora la sensación de calor, demuestra equivalencia de nuestros 40°C con las temperaturas de 28 a 30°C de las zonas húmedas.

El otoño, todo el invierno y el comienzo de la primavera, son en Santiago del Estero térmicamente confortables. En las horas del día, cuando se desarrollan la mayor parte de las actividades, la presión del frío no dificulta la actividad física ni la mental, por el contrario se trabaja agradablemente. Nuestras noches de invierno suelen registrar valores térmicos pronunciadamente bajos: los registros de “mínima minimorum”, han anotado valores hasta de 10°C bajo cero. Las temperaturas mínimas medias, es decir la temperatura mínima más frecuente son de 3° bajo cero. Pero los fríos intensos de la noche no se prolongan durante las horas del día, lo más frecuente es que el sol mitigue el efecto del frío y durante el día la temperatura se asemeje a la primavera que se describe en la clásica literatura climatológica mundial. Los días realmente fríos llegan a treinta, enla mayoría de los años, que se alternan con otros de temperatura menos intensas.

Así podemos resumir nuestro clima térmico: treinta días de calor intenso, treinta días de frío y el resto del año confortable.

Nuestro clima hídrico

Hemos dicho: “el clima de nuestra provincia puede considerarse como semiárido”. Esta característica de semiaridez no es uniforme en todo su territorio. En este aspecto también podemos criticar un concepto muy difundido: se dice que Santiago es monótono. Quiero interpretar este concepto como que en toda la provincia el panorama es uniforme; eso no es correcto. Desde el punto de vista climático, particularmente bajo la influencia del factor hídrico, el territorio de la provincia participa de todos los climas del país, a excepción del patagónico.
De cuerdo con la metodología de estudio adoptada, nuestra cátedra analiza el clima hídrico bajo tres aspectos: a) volumen de precipitación, b) régimen en pluvial, c) balance hídrico.

La cantidad de agua que llega al suelo en un año se denomina volumen de precipitación. En nuestro territorio provincial como en casi todo el país, las lluvias son mayores al este y disminuyen progresivamente hacia el oeste. Mientras en el departamento Rivadavia, al sudeste de la provincia, el volumen anual de lluvia es de 800 a 900 mm y en el este del departamento moreno es de 750 mm, en Choya al sudoeste las lluvias apenas alcanzan un promedio de 380 a 400 mm. En el centro de la provincia alrededor de la ciudad de Sgo. del Estero y la zona de riego, los valores normales son de 550 a 600 mm. Es interesante acotar que este valor representa aproximadamente el promedio de las lluvias en toda la República Argentina.

Los registros de lluvia son muy variables de un año a otro. En la zona central oscilan entre 1200 mm. en años lluviosos y 300 mm en los más secos. Este índice de variabilidad típico de región semiárida es uno de los factores que crean la angustia de la inseguridad. Por eso fue necesario crear todo un sistema de diques y canales para asegurar la agricultura de riego.

El régimen pluvial en nuestra provincia participa de los caracteres de las más diversas regiones. El sudoeste en sus departamentos Rivadavia, Aguirre y Belgrano participa del régimen pluvial pampeano que alcanza hasta las Sierras de Sumampa. El paisaje de nuestro sudeste es pampeano, y se caracteriza por el predominio de la vegetación herbácea, si bien en esta zona ya en el límite de dicha región no es exactamente semejante al centro de la provincia de Buenos Aires. Las lluvias pampeanas, en nuestra provincia, se concentran alrededor de dos épocas de mayor precipitación en los meses de noviembre y marzo. En el centro-este, en la parte oriental de los departamentos Moreno y Gral. Taboada, los caracteres del clima hídrico son una extensión del Chaco húmedo, que a su vez es prolongación del régimen hídrico de la selva misionera.

Las lluvias se concentran en dos épocas de máxima precipitación, en octubre y abril, siendo menores en verano y muy escasas en invierno. Esta distribución de las lluvias permite que, tanto en nuestra zona pampeana, como el centro-este, el suelo permanezca húmedo durante largos períodos y el paisaje nos presente pastos verdes y tiernos durante tres de las cuatro estaciones del año. Al noroeste en los departamentos Pellegrini, Jiménez, Río Hondo y parte de Banda, Capital y Guasayán, las precipitaciones se concentran en la estación de verano. Es el régimen de la selva Tucumano-Boliviana de tipo monzónico con una sola máxima alrededor del solsticio de verano; el otoño presenta lloviznas y durante el invierno y la primavera la sequedad es normalmente completa. hacia el sudoeste las lluvias disminuyen notablemente, la provincia participa de la región del Monte, típica del oeste del país, cuya sequedad se acentúa hasta la provincia de San Juan, donde llueve menos de 100 mm. anuales. Al sud de la provincia penetran las Sierras Centrales con régimen climático propio distinto de las laderas este y oeste.

El balance hídrico, es decir la relación entre lluvia caída considerada factor positivo y la pérdida por evaporación, factor negativo, nos presenta otro de los caracteres determinantes de la semiaridez. El centro de la provincia considerado con rígido concepto climático, es por definición, una región semiárida. Una evaporación potencial media de 1200 mm, lluvias medidas de 600 mm demuestran que quedan un déficit de 600 mm, típicamente un balance semiárido. Esta situación es similar en toda la provincia: hacia el sudeste hay períodos del año en que la lluvia supera a la evaporación, en ciertas épocas hay exceso de agua y en otras déficit. Por eso se describe a esta zona como semiárida sub-húmeda, su déficit normal es apenas superior a los 100 mm anuales. En el Centro-este la situación es semejante con un déficit algo mayor. La zona más árida de la provincia está situada en el S.O. donde durante todo el año el déficit de agua es intenso. La topografía ondulada del terreno por la presencia de la Serranía de Guasayán, concentra el agua en el fondo de los valles, mitigando en parte el efecto de aridez.

Resumiendo, concluimos que las lluvias en nuestra provincia son abundantes al este y disminuyen progresivamente hacia el oeste; nuestro clima hídrico determina varias zonas: al sudeste la región pampeana, al centro-este el Chaco húmedo; al noroeste, el clima hídrico de la selva Tucumana; al sudoeste la región del Monte, al sud el clima de las Sierras Centrales. Como consecuencia de ello se deduce que en el centro de la provincia convergen las diversas zonas climáticas del país, donde necesariamente, pierden sus características típicas. En cuanto al balance hídrico se presentan leves excesos en la zona oriental, que caracterizamos como subhúmeda, siendo el resto de la provincia deficitario durante todo el año, fenómeno que se acentúa en el sudoeste.

Adversidades de origen meteorológico

Frecuentemente la prensa nos informa de catástrofes que se producen en el mundo y en diversas regiones de nuestro país: tornados, vendavales, granizo y piedra, heladas, inundaciones, etc. que arrasan con poblaciones que destruyen cultivos y provocan toda clase de perjuicios. No podríamos decir que Santiago está completamente libre de estos fenómenos meteorológicos perjudiciales, pero son tan poco frecuentes que nuestra población ni recuerda de su existencia.
Las estadísticas nos demuestran que en nuestra zona agrícola de riego tenemos un promedio de 300 días libres de heladas, el granizo se produce raramente, los vientos que nos cubren de tierra originados por la destrucción del bosque, no son destructores. Santiago “no es noticia” en cuanto a adversidades de origen meteorológico.

El uso de nuestro clima

El clima, que brinda los elementos fundamentales que posibilitan de vida, particularmente el agua y el calor, es la herramienta fundamental que nos permite planificar el desarrollo de las distintas actividades del hombre. Por ello es importante reconocer cada una de las regiones de la provincia y señalar las actividades más adecuadas para obtener el máximo beneficio conducente al bienestar de la sociedad humana.

El establecimiento de agricultura sin riego como base económica, no es aconsejable en ninguna zona de nuestra provincia, por la falta de seguridad de cosecha. Contamos felizmente con recursos hídricos provenientes de nuestros ríos y del agua subterránea que, unidos a las excepcionales condiciones de temperatura y a la poca frecuencia de factores climáticos adversos, posibilitan el desarrollo de agricultura con seguridad de cosecha por la posibilidad del riego. Nuestro clima de primavera suficientemente caliente permite a Santiago adelantarse a muchas otras regiones en la producción de valiosos productos agrícolas.

La zona este con suelo húmedo durante largos períodos puede brindar pastos tiernos y posibilita el establecimiento de ganadería para carne y leche en los 100 km orientales de la provincia.

La mayor extensión de nuestro territorio provincial está cubierta por bosques que protegen, dando sombra, que mantiene la humedad y detiene la fuerza de los vientos, contribuyendo al confort. Al mismo tiempo impiden el advenimiento del desierto existente en todas las regiones del mundo, en latitudes similares al centro y norte de nuestro país. Nuestro recurso forestal que provee inmensos volúmenes de materia prima, de calidad no registrada en ninguna otra región del mundo, invita al talento creador santiagueño para establecer industrias del más alto nivel técnico que aportan riquezas a nuestra provincia y ofrecer a los demás elementos para su confort y mejor desarrollo.

Aprovechar el clima desarrollando con inteligencia las actividades adecuadas al ritmo e intensidad propios de cada región, contribuye al pleno desarrollo de la economía.
Los caracteres culturales, que surgen de la armonía entre el pensamiento del hombre y el medio físico y social que lo rodea, si están sostenidos por una firme economía darán a Santiago relevancia y alto nivel de vida, como los países más desarrollados.

Notas
* Texto publicado en Cuadernos de Cultura n° 17, Octubre de 1979, Santiago del Estero.
** Investigador científico y profesor de la Universidad Nacional de Santiago del Estero.